Hay momentos en la vida que, aunque parecen pequeños en el momento, nos cambian para siempre
El día que mi madre decidió dejar Perú para venir a España a trabajar fue uno de esos momentos. Yo era solo un niño de 4 años, y no entendía lo que significaba esa decisión. Para mí, fue como cualquier otra despedida, sin entender del todo lo que mi madre tenía que sacrificar por nosotros. Esta historia comienza con ella, aunque no fue hasta años después que realmente comprendí cómo esa decisión cambió mi vida para siempre.
El inicio del cambio
Cuando mi madre tomó la decisión de viajar a España en busca de un futuro mejor, yo no fui consciente de lo que eso implicaba. Era un niño pequeño y, sinceramente, no entendía las razones detrás de su partida. Recuerdo que ella se despidió de mí, pero en mi mente de niño, aquello no tuvo el peso que ahora comprendo. Solo pensaba en mis juguetes, sin entender que esa despedida sería el principio de una gran separación.
Al pasar los días, recibí una llamada de mi madre, una llamada que confirmaría que no la vería por un tiempo, que ya no estaba aquí. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que algo estaba cambiando, aunque no lo comprendía del todo. El vacío de su ausencia comenzó a calar poco a poco, pero mi vida siguió. La separación no fue tan dolorosa para mí en ese momento porque, como niño, me adapté a la situación. Hablaba con ella de vez en cuando, pero mis abuelos y mi padre estaban a mi lado, y con su amor me sentí siempre respaldado. Ellos fueron los pilares en los que me apoyé,
La ausencia
Crecí sin mi madre a mi lado, pero con una gran cantidad de amor de parte de mis abuelos y mi padre. A pesar de la distancia, sentí que mi infancia fue feliz, rodeado de la calidez de mi familia. Mi padre, aunque siempre ocupado con su trabajo, trataba de estar a mi lado todo lo que podía. Le pedía atención constantemente, y hasta lo acompañaba a su trabajo para pasar tiempo con él. Era mi héroe, el modelo a seguir, el hombre con el que sentía que el mundo estaba bien mientras estuviera a su lado.
Mi madre, por su parte, me hablaba de la posibilidad de irme a España, para estudiar y tener un mejor futuro. Pero yo no tenia claro si quería irme, ya había aprendido a vivir sin ella, y mi vida en Perú me era suficiente. La idea de ir a otro país no me atraía. Solo quería verla, pero no tenia claro si estaba dispuesto a dejar todo lo que conocía. Prefería que ella viniese.
En 1999, mi madre viajo a Perú a visitarme. Cuando la vi, no la reconocí. Se fue cuando era tan pequeño que el tiempo y la distancia hicieron que en mis recuerdos no le pusiese rostro. Sin embargo no me cerré y me abrí a conocerla.
Esta visita fue importante porque me permitió reconectar con ella, sin reproches, solo con la esperanza de tenerla cerca nuevamente. Como una familia unida.
Sin embargo, mi madre tuvo que regresar a España, y la vida siguió separada. Aunque ya hablábamos de la posibilidad de que me mudara a España, mi padre me hizo entender que eso no ocurriría. Acepté que no estaría con mis padres juntos, y aunque me costaba, seguí adelante. La vida continuó, y poco después ocurrió algo que cambiaría mi futuro
Mi último viaje antes de ir a España
Mi vida seguía en Perú. Con mi padre y mis abuelos. Siempre quería pasar tiempo con mi padre. Buscaba bastante continuamente su atención, tanto que hasta le pedía ir a ayudarle en su trabajo. Así conocí a su amigos entre los que estaba mi padrino, una persona estupenda. Con ellos nos íbamos de viaje a muchos lugares. Tengo muchos y buenos recuerdos de estos viajes. Nunca imagine que el viaje más grande e importante que hicimos fuese el último en Perú. En 2001 fuimos a Machu-Pichu. Recuerdo el hotel, recuerdo las cuevas que recorrimos en Cuzco, las comidas, a mi corriendo por Machu-Pichu bajo el sol. Viendo con temor los precipicios desde las montañas. Disfrutando del día estupendo que hacia. Fue un viaje increíble.
A los pocos días de llegar a casa. Mi padre me dijo que iría a España en una semana. Yo me quede sorprendido, era todo tan de repente y yo pensaba que se había descartado ir a España. Y aunque mi padre me dijese que iba a ser un viaje de ida y vuelta. Me entristecí mucho al pensar que dejaría de verles un tiempo.
La despedida con mis abuelos fue difícil. Quizá ellos temían que me quedase con mi madre. Pero mi padre me convenció de que el viaje era de ida y vuelta.
El viaje a España
Cuando llego el día de partir a España, mi padre, me acompaño y me despedí de él. Fue duro para los dos. Él me hizo prometerle que pase lo que pase volvería con él. Yo me sentí muy mal solo de pensar en su miedo de no vernos. No lo dude, le prometí que volvería con él. Y allí, en el aeropuerto, nos separamos y me fui con los azafatos que me llevaron con los niños que viajábamos solos.
Fue un largo viaje, perdí hasta el pasaporte en el camino y gracias a un amigo que hice en el viaje lo recuperé. Pero finalmente llegue, y por suerte vi a mi madre unos años antes y pude reconocerla e irme con ella.
Montamos en el coche y recuerdo que lo primero que dije al ver la ciudad desde el coche fue: «¡Cuantos semáforos!». Todo era tan diferente y yo no era consiente de que un nuevo capítulo estaba empezando en mi vida.
Continuará.

